Contacto: Sede Belgrano. 11 de Septiembre 1071, Capital Federal. 011 4776 2797 | Sede Vicente López 011 152 459 0079

Unite a nuestro Facebook

© 2019

Opus

Departamento de cultura y eventos

Talum

Galería de arte de la Fundación CEP

Galería de arte de la Fundación CEP

Galería Marcel Duchamp

Tu eliges el lugar de la herida…

Mercedes Gindzberg

Dice Alejandra Pizarnik:

Tu eliges el lugar de la herida, en donde hablamos nuestro silencio.

Esta es una historia de ciencia ficción

Juan Cruz, 22 escasos años, fue llevado a la morgue, nadie reconoció derecho sobre el cuerpo. El. Dr. Body, era un avezado patólogo. Debía su fama y reconocimiento a su dedicación al trabajo, a su aguda inteligencia y a ese modo particular de armar rompecabezas. Siempre decía, el cuerpo nos cuenta.

Juan Cruz fue llevado al congelador, hasta que el doctor se puso a estudiarlo. Se descongeló casi todo; agudo observador, notó que al cadáver no se le desfreezaban los bronquios, la epidermis del antebrazo, el corazón, y la sangre; que si bien obviamente no iba a fluir, estaba coagulada y congelada.

Esbozó una sonrisa, ante el miembro erecto del joven adulto, que tampoco cedía al calor. Entendía que no era el momento de hacerle una Oda a Príapo, pero ese pene de 15 cm parecía enorme para ese cuerpo enjuto, definitivamente muerto. La autopsia prosiguió sin sobresaltos. Cansado, decidió dormir un rato, allí en la morgue; para cuando había mucho trabajo tenía un cuartito con una camita, suficientemente cómoda para él, que tenía muy poca vida social; se nutría de aquello que le contaban sus muertos.

Esa noche; tuvo una extraña pesadilla, lo despertaba de su sueño un duelo entre un as de espadas y una gran boca, la gran boca terminó engullendo la carta, de tal modo, que la espada, fuera ahora de la baraja, quedó dentro de esa prisión de carne y dientes, sin poder salir de allí.

Se despertó sobresaltado, fue hasta la mesa de disección, el pene del cadáver parecía desprender una lágrima. Mihail, no entendía a esa altura que estaba sucediendo, sí sabía, que en sus 44 años no había visto nada igual. Volvió a su camita, retomó el sueño. Esta vez se le presentificó el chico caminando, desnudo, con los brazos extendidos, como pidiendo ayuda; se le notaba esa lesión rojiza, ligeramente indurada. Y nuevamente la boca carnosa, riendo, se acerca a la cabeza del chico, le dice algo al oído, escucha mejor… es una canción… Aserrín, Aserrán…

Mihail se despertó sudoroso. Había algo aterrorizante en todo esto de los sueños. No iba a poder dormir nuevamente, por lo tanto, se acercó a la mesa de disección a continuar trabajando. Tuvo un día intenso, por lo cual, el cada-ver del chico, quedó para más tarde. Eran las 22hs. Cuando se decidió a retomar su labor. Mismas condiciones, órganos congelados, pene, piel del antebrazo, pulmones, corazón, sangre. Se dijo –Podría sostenerse un esqueleto vascular… Pensá, se decía, pensá… Fue directo al hueso, sacó médula, microscopio. Primera conclusión, leucemia linfoblástica, –raro, no corresponde a esta edad.

El nene lloraba en el arenero, lloraba desconsoladamente, su mamá le daba la espalda, no le importaba el llanto del chiquito, a los pies de la madre se abría un gran foso, allí estaban enterrados dos esqueletos, uno pequeño y uno grande. La mujer miraba el foso, decía… –¿por qué?, ¿por qué me dejaron sola?

Se despertó abruptamente, recordaba el sueño perfectamente, era el amanecer, sacudió la cabeza, bajó los pies de la cama, y se cayó… en una caída brusca, en una tumba de tierra que se cerraba sobre él, gritó.

–Dr… ¿qué le pasa? Dr. Body, despierte… está soñando. Ya era de día, seguramente algo que había comido le había caído pesado. Se lavó, se acercó al cadáver. Este chico me tiene obsesionado, pensó, provoca mis pesadillas. Se puso a terminar rápido la autopsia. Algo le daba miedo. Eso no era lo esperado. Pulmones; ha de haber sido asmático. Tejido cicatrizal en los bronquios, principio de enfisema. Bronquial crónico. Laboratorio: salbutamol en sangre… sí, asmático, y se nebulizaba o usaba el puff a diario. Corazón: ahí está, infarto masivo, coronarias ocluidas, amplio tejido necrótico. Causa de muerte, infarto agudo de miocardio masivo. ¿Qué te pasó NN? ¿Cómo pudiste estar tan enfermo, que te pasó? Eran las 22.00 horas. Su día estaba terminado Lo llaman por teléfono.

–Aquí hay una señora que dice que puede ser su hijo el que llegó hace tres días.

Entra una mujer, bien vestida, se presenta, soy la Sra. Carola Herr; quiero que me permita ver el cuerpo. Primero palideció, se agarró de la mesa, asintió con la cabeza, acarició el cuerpo muerto de su hijo, lo recorrió con su mano, palmo a palmo. Pareció no ver, los grandes costurones, producto de la autopsia. Body pensó, menos mal que alcancé a cerrarlo. La mujer miró a Mihail y le dijo:

–Pobre hijo mío, primero sufre la pérdida de su abuela y su hermano mayor, cuando él tenía once meses. Mi madre lo cuidaba, fue un accidente horrible. Fue difícil para todos. Yo me ocupé a partir de ahí exclusivamente de él, salvo por los eventos sociales que me convocaban, y que me ayudaron a distraerme de mi dolor. Mi marido es diplomático, viaja mucho. Hasta los 11 años tuvo intensas crisis de asma, que aumentaban cada vez que yo salía de casa. Pero la psicóloga me dijo, que saliera igual, que era un manejo. Hace unos meses me dijo que se sentía débil, como sin fuerzas. Decidimos que viajara para recuperarse. Vino mejor.

Hace dos meses puso una empresa con su mejor amigo y su novia, estaba contento, bien. Ayer vi a Marianita con Eduardo, abrazados. Los encaré ¿Y Juan Cruz? No sé, me dijeron, se fue hace tres días, dando un portazo. Mariana me miró a los ojos y me dijo, no me digas nada, no pude evitar enamorarme de Eduardo. Juan Cruz se tenía que enterar.

Ahí empecé a buscarlo, ¿comprende doctor?, pensé, tiene 22 años y esos desgraciados lo estafaron, no tiene nombre lo que le hicieron, los sacó por poco de la villa; y ahora hacen yunta y le arruinan la vida. Y ahora… Otro muerto más!!! Bueno, por lo menos ya no sufre.

Mihail quedó mudo, se dijo, que vida de mierda, ¡pobre pibe!, una madre así, distraída, sin familia, asmático, con leucemia, y ese bendito infarto demasiado intenso para una criatura. Bueno, malos 22 para el chico. Pensó en su vida, era mejor; bueno, de hecho tenía una vida. Pensó en su madre, que lo llamaba todos los días. En su ex mujer, que estaría cuidando a sus hijos, Franco de 11 años, Lorena de 7. En su padre muerto hace tanto, de un cáncer laringeo, que lo dejó mudo 15 años. ¡Pobre pibe! ¿qué sería eso de los órganos congelados? Los pensamientos lo invadían, mezclados, rápidos.

Caminó a su camita, pensó que era una buena noche para salir, hacía días que estaba en la morgue. Bueno, se bañó, tenía sueño, –mejor me acuesto y salgo mañana, pensó. Se durmió y soñó, que Juan Cruz, se miraba en un enorme espejo, así, con el cuerpo todo abierto, miraba el espejo y decía – Hola soy Juan Cruz y vos? El espejo le contestaba –Doctor My-Jail Body.

Se puede copular con la ignominia y morir en los brazos de un infartante instante. Se puede copular con la piel, gritando un enrojecido abrazo, donde la alergia se disfraza de alegría, pruriginosa falta de caricia que lleva a rascarse. Se puede copular con la sangre de los muertos, mortal abrazo leucémico. Se puede copular con el odio, la bronca, placer bronquial, asma que mama, amas-A, amas-A-mamá y el abandono se hace asfixia. Se puede copula con el hijo, insultando la palabra elijo para hacerlo pro-lijos, antes del hijo, antes del antes, obsesión de posesión, completud. Se puede abominar la sexualidad, rechazar el goce del cuerpo. Se puede copular con las palabras, hacer que en el vacío fluya un goce inefable, desprendido, de orificios y detumescencias. Hacer posible lo imposible, romper los mandatos de muerte pre-matura. Ir más allá de la madre. Ir más allá del padre.

Dice Lacan Psicoanálisis y Medicina

Si el inconsciente es lo que es, no una cosa monótona sino, en cambio, una cerradura lo más precisa posible, cuyo manejo no es otro que abrirla al revés con una clave–llave, que está más allá de una cifra, esa abertura sólo puede servir al sujeto en su demanda de saber. Lo inesperado, es que el sujeto confiese él mismo su verdad y que la confiese sin saberlo.

Y continúa:

…si era excepcional el caso en que el hombre hasta aquí profería si tu ojo te escandaliza arráncalo, que dirán ustedes del slogan ¿si tu ojo se vende bien, dónalo? ¿ en nombre de que tendrán que hablar, sino precisamente de esa dimensión del goce de su cuerpo y de lo que él ordena de participación a todo lo tocante a él en el mundo?

Termino junto con el poeta.

Conduce carro y arado sobre los huesos de los muertos.

William Blake.

Volver a producción teórica

CONTACTO+SEDES | © Copyright 2000-2019 Fundación C.E.P. Todos los derechos reservados

Diseño + programación Oxlab