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Homenaje a Camille Claudel

Nació el 8 de diciembre de 1864. En el mes de su nacimiento le rendimos homenaje.

Camille Claudel

Dice Camille Claudel:

Triste sorpresa para una artista; eso fue lo que obtuve en lugar de una recompensa, suelen ocurrirme semejantes cosas.

Camille

No sé si alcanza Camille
decirte cuánto me conmueve
tu atormentada vida.
Si hubiera estado allí
también te habría amado.

Las formas nacen de tus entrañas,
lechos de barro cavan tus manos
y el milagro se recrea en tu mirada.

Cómo podrían perdonarte
ser mujer y dios al mismo tiempo.
Que lo inerte lo hicieras palpitante.
Los hombres sienten miedo
por no poder entender lo que es extraño
por eso lo cazan, lo encierran o queman
en la hoguera.
Y si la belleza es doble
recibe a cambio la saña y la vileza.
Porque el mediocre no encuentra su descanso
hasta no ver destruida la grandeza.
Aún, así, nada puede ocultar lo que mostraste.
Esas piedras también debieron amarte
porque nunca intentaron resistirse
procediendo con más fidelidad que tus amantes.
Tanto dolor para esculpir al mundo.
No son suficientes las piedras,
ni el barro,
ni el tiempo que tu espíritu tuviera.
Qué otro lugar te hubiera dado el mundo
más que el destierro y la locura?
Al negarte a seguir lo que es cordura,
eligiendo no andar los pasos del maestro
para aprender de la materia viva.

Loca, sin ley más que la tuya…
No se puede ser libre, Camille!
Y vos, eso lo sabías.
Pero no era tu forma
la que ellos pretendían.
Y la libertad a medias
es simple paradoja.
Encerraron tu cuerpo
y abandonaste el arte.
Reclamaste a gritos la libertad perdida
preguntando a un mundo sordo
qué extraño odio habías despertado.

Casi un siglo después,
muy lejos de aquellos días,
con el dolor cruzado en la garganta
te escribo esto y siento que no alcanza
para poder expresar
que me has tocado el alma.
Guillermo Sagarna

Una carta-poema para quien naciera en Villeneuve, aquel pueblo de Francia. Hija de un padre, Louis-Prosper Claudel que, apenas, la comprendió y de una madre que la condenó al encierro, nunca fue tomada en serio en su pasión. Tiempos difíciles para una mujer… y más, si artista…

De allí que no pudiera ingresar al Taller Nacional de Escultura, y que debiera seguir en el taller de señoritas. Su propia iniciativa la llevó a la nutrida biblioteca de su padre, a su modo de ser culta y ajena a la media. Y la insistencia, a unirse a otras mujeres escultoras que recibían clases particulares con Boucher. Luego, el grupo de escultoras fue heredado por Aguste Rodin…

Quince años de amores tórridos, de exaltada pasión, de eso que, siempre, sería la amenaza que pesara sobre su cabeza. Dice la historia… A tal punto y tanto se extendió su amor desmesurado, pasional y lleno de celos, traición, angustia y dolor que el gran dramaturgo Henrik Ibsen basó su complicada y profunda obra dramática Cuando nosotros los muertos despertamos, en la historia de estos amantes.

Ella, modelo y musa.
El, guía y maestro.
También, para ambos, transformación.
Ella, del clasicismo francés a la mayor expresividad y calidez.
El, de lo humano crispado a la caricia.
Luego, el derrumbe se hizo presencia y, de esa mano de mujer, el martillo, restituyó a polvo la belleza.

Dice Camille Caludel:

Se me reprocha (¡espantoso crimen!) haber vivido sola.

La soledad bordó piedras en su corazón, piedras y espadas, piedras hechas de lágrimas negras, espadas hechas de mal-amor… Signada por el materno, los otros, no pueden nunca quitarle el destino… Rodin, que no la elige, su hermano Paul, que, celoso de Rodin, la abandona y, después, su padre…

El 3 de marzo de 1913, muere su padre y el 10 de marzo la internan en el sanatorio de Ville-Evrard y, en Julio, en Montdevergues, hospicio del cual, a pesar de su recuperación, señalada, incluso, por sus médicos, y de sus lúcidos aunque desgarrados ruegos a Paul, nunca le ofrecerá la puerta de salida… Ni siquiera para llegar a una digna sepultura…

Dice Camille Caludel:

No he hecho todo lo que he hecho para terminar mi vida engrosando el número de recluidos en un sanatorio, merecía algo más.

Es decir, el mal amor de una madre rara vez deja en libertad…

Dice Camille Caludel:

El lugar que me corresponde no es el que ocupo aquí; es necesario que me aparte de este ambiente; después de 14 años, que hoy se cumplen, de semejante vida, reclamo a gritos la libertad…

Así, en total abandono, olvidada por todos, murió el 19 de octubre de 1943, dejándonos su dolor mezclado con la piedra…

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