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Homenaje a Francisco de Quevedo

Nació el 17 de septiembre de 1580. En el mes de su nacimiento le rendimos homenaje.

Francisco de Quevedo

Carlos Alberto Montaner. Las raíces torcidas de América Latina

A veces otros objetos más humildes, pero tremendamente importantes para explicar el progreso, tampoco tuvieron demasiada difusión entre los españoles. Las gafas, o espejuelos, se conocían desde el siglo XIII, como el reloj, pero su uso estaba menos extendido en España que en el resto de Europa occidental. Eso significaba que los intelectuales y creadores comenzaban a perder sus facultades a partir de los cuarenta años de vida, etapa en que la presbicia produce una progresiva reducción de la visión, dolencia que se alivia mediante la utilización de gafas, una bendición técnica especialmente bienvenida tras la llegada a Europa de la imprenta. En el retrato que Velásquez le hace al escritor Quevedo éste aparece con lentes -desde entonces llamados quevedos-, pero es una imagen excepcional.

Dice Francisco de Quevedo.

Imagen excepcional… Como excepcional ha sido quien los usare…

Nacido en Madrid, de noble cuna, ha estudiado en distintas universidades y ha sido, en su tiempo, quien más idiomas ha dominado… griego, latín, árabe, hebreo, francés e italiano. Así como también, en una sola lengua, los diversos modos, altos y vulgares, de su expresión. Serio y burlesco, ha sido condenado, en distintas oportunidades, por no haber silenciado su lengua, por haber sido… lo suficientemente humano. Gran representante del barroco español, con Góngora -y contra él-, es letra eminente de una España que es marca literaria en la historia.

Luego de cierta aproximación, otra mirada se nos ofrece… un padre que lo abandona a los 6 años, una madre que queda hecha presencia hasta sus 20… Tal vez, esa sea la razón de aquel decir: Quevedo era un hombre desengañado de muchas cosas, entre otras de las mujeres, a las que deseaba alegres, pero a ser posible sordas y tartamudas. Muchas veces se refiere a ellas de forma despectiva y a juzgar por su temática, más que frecuentar círculos familiares, conoció los ambientes prostibularios y marginales de su época, a los que llegaba atraído por el sexo pero dominado por su misoginia. De todos modos, se casa… dicen, de mala gana… dicen, con una viuda rica, con quien vivió muy poco tiempo.

Tal vez, su leve cojera por la deformación de los pies y su exagerada miopía, le hicieron la desilusión, la herida narcisística que sólo podía detener su sangrado si desenfocaba su mirada sobre el alma ya que no, sobre el cuerpo.

Entonces, su letra. Su letra delatora, que lo pone en el lugar del nombre, en el lugar del cargo, en el lugar que nos permite hallarlo la historia. Su letra, que alcanza cumbres platónicas y estoicas, así como bajeras burlescas y vulgares. Su letra, comparada, por Borges, con la Joyce, con la de Mallarmé. Su letra que, puesta en marcha, lo pone a viajar… aunque, también, es la que lo pone a encerrar…

A partir del lazo establecido en su adolescencia con el Duque de Osuna, su letra se ve reunida a la política…

Al ser nombrado virrey de Sicilia, el Duque de Osuna y su consejero, Quevedo, parten hacia al sur de Italia. (A este alto funcionario le dedicará un relato: El mundo por de dentro.) Al caer en desgracia el duque, Quevedo sufre las consecuencias y es encarcelado en Uclés (Cuenca). Más tarde, aquejado de una enfermedad grave, es llevado a su finca, la Torre de Juan Abad. Aprovecha, allí, para escribir, en su confinamiento, Política de Dios y gobierno por Cristo. Restablecida su salud y levantada la condena de privación de libertad vuelve a la actividad política.

Luego viaja a Andalucía, en calidad de cronista en la expedición de defensa contra los ingleses. Al morir Felipe III, Felipe IV asciende al trono de España y nombra al conde-duque de Olivares como una de las personas de más confianza de su Consejo. Francisco de Quevedo se apresura a dedicarle a este nuevo e importante funcionario su Epístola satírica y censoria con clara intención de ganarse su aprecio y volver a la actividad política bajo su protección.

Mientras tanto, vuelve a recluirse, esta vez voluntariamente, en su Torre de Juan Abad y aprovecha para dar a la imprenta textos escritos con anterioridad. Publica algunas de las obras burlescas de su juventud, bajo el título de Juguetes de la niñez y travesuras del ingenio. Escribe un libelo satírico titulado El chitón de las tarabillas, que le hace ganar el aprecio de Felipe IV que le nombra su secretario.

Coincidiendo con la grave crisis económica que desencadenó la política del conde-duque, cae en desgracia por segunda vez y en 1639 es detenido y encarcelado nuevamente, esta vez en el convento de San Marcos de León, donde pasa mil penurias durante cuatro años. Dos años más tarde, el 8 de septiembre de 1645, fallece en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real).

Al decir de J. M. Blecua, su vida osciló entre una visión sarcástica o burlesca de la realidad, y una visión muy estoica y senequista de la existencia. Fue capaz de cultivar una poesía popular, a ratos chocarrera y tabernaria, satírica y burlesca, al mismo tiempo que escribía una poesía llena de belleza formal, o prosa culta y metafísica.

Con un lenguaje atemporal y de gran fuerza expresiva su letra nos hace el honor… Y, con ella, nosotros, a él…

A una nariz

Erase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sanjón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encardo,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nazón más narizado.
érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto;
las doce tribus de narices era.
érase un narcísismo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera,
que en la cara de Anás fuera delito.

Algunas de sus obras
  • La vida del Buscón llamado don Pablo (c. 1603, impresa sin autorización del autor en 1626).
  • Los Sueños (1605-1622) aunque Quevedo las publicó en 1631 con el título de Juguetes de la niñez y travesuras del ingenio.
  • Política de Dios, gobierno de Cristo, tiranía de Satanás (1626)
  • Marco Bruto (1646).
  • Parnaso español (1648), compilado por su amigo José Antonio González de Salas, y Las tres musas (1670).

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