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Presentación de libro

La aporía de lo indecible

Una aproximación al problema de la interpretación en Psicoanálisis
Autora: Dra Eva Puente

Desde el comienzo de mi práctica como analista, hace ya muchos años, sólo operó el decir poético de la mano de mis lecturas de Freud y Lacan para atravesar la pregunta por el ser, pregunta que se escapa en los bordes de un decir evanescente.
El sujeto asesina la palabra, no la deja decir. Lacan dice, en apertura…“La lengua, sea más o menos la que fuere, es goma de mascar. Lo inaudito es que conserva sus trucos…”.
La cura analítica consiste en el atravesamiento fantasmático, que conduce a una “cesión” de goce y la caída del analista como semblante de ese objeto.
El inconsciente no es que el ser piense .El inconsciente es que el ser, hablando goce, y, agrego yo, no quiera nada, saber nada más de eso.
El análisis es una experiencia de la aporía. aporía como marca de lo indecible. Duelo imposible, deconstrucción como una determinada experiencia aporética de lo imposible.
El decir psicoanalítico es enigmático. La vida es enigmática, dado que todo da cuenta de lo que se sufre teniendo una mentalidad.
El parlétre carcomido por el lenguaje tiene una mentalidad. La mentalidad hace que la palabra tenga efecto de sugestión. Efecto de mitomanía. Esto hace de la palabra demostración de que el ser es básicamente de apariencia.
El objeto “a”, el descubrimiento lacaniano, aporta al saber una singular sustancia. Sustancia hecha de falta. Falta constante que da a la persona de un sujeto la ilusión de síntesis.
El sujeto, definido por su estar sujetado al lenguaje, sólo persigue taponar la falta. Falta que funciona como la zanahoria y el burro.
Ilusión de alcanzar la zanahoria, la completud, la certeza, siempre fallida.
Lacan dice: “¿Cómo no sentimos que unas palabras de las que dependemos nos son impuestas, que la palabra es un enchapado, un parásito, la forma de cáncer con la que está afligido el ser humano?
Habla, pero su palabra esta vacía”, diría Lacan, “habla en la ignorancia de lo que su palabra quiere decir. Esto instala el “drama del sujeto que habla”.
Desde aquí se levanta la realeza del psicoanálisis.
Lacan, más que cualquier otro, más que el propio Freud, va a investir el psicoanálisis, va a investirse, de realeza.
Podemos imaginar una subversión de la fórmula del cogito: Yo (yo, analista) pienso, él (el paciente) es. Pienso, yo psicoanalista, sólo yo supongo saber.
Lacan decía de Freud que sólo él sabía, que lo sabía tan bien, que nos dio para siempre leyes de la psique.
Lacan aportó mucho, haciendo obsoleta una forma de escritura del psicoanálisis, dirigió nuestra atención sobre la función y la importancia del lenguaje.
Dice Lacan que la experiencia del Yo (je) que nos da el psicoanálisis se opone a toda filosofía derivada directamente del cogito.
El psicoanálisis opera con lo imposible de decir, opera con lo aporético del decir.
Alcanzar la orilla del ser es tarea imposible como lo es el análisis, es un decir incautado en la soberanía de lo no dicho. Sólo el decir poético navega esa desnudez sin naufragar en certezas ni falsos ropajes.